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Asumieron las nuevas autoridades

de la CGT Centro Sur de La Pampa

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Durante el acto realizado en la sede del Sindicato Gráfico Patagónico asumió la nueva Comisión Directiva de la Confederación General del Trabajo Centro Sur La Pampa.
Estuvieron presentes  el subsecretario de Trabajo, Marcelo Pedehontáa, y los diputados provinciales de estracción sindical Roberto Robledo y Jorge Lezcano y autoridades de la CGT Nacional encabezadas por el Cordinador General de entidad compañero, Horacio Otero, el  secretario de Relaciones Institucionales de SADOP y de Políticas Económicas de la CGT Alsina, Horacio Ghilini, Secretario General de la Unión de Trabajadores de Sociedades de Autores y Afines de la República Argentina, Hugo Carranza y el Secretario Adjunto del Sindicato de Jerárquicos de agua y energía, Osvaldo Cacst.
El acto dio comienzo con una conferencia de prensa de la que participaron las autoridades nacionales y los integrantes de la flamante Comisión Directiva de la CGT Centro Sur La Pampa para luego realizar el acto central donde participaron los gremios adheridos a través de los Secretario Generales y Afiliados en el que Luis Faggiani, titular del gremio de los trabajadores de la AFIP y Marcela Urban, de SADOP (docentes particulares), recibieron la certificación oficial como Secretario General y Secretaria Adjunta de la CGT Regional Centro Sur de La Pampa y se constituyeron en la conducción oficial, por 4 años, de la confederación de gremios donde diálogo, negociación y lucha, será la metodología de trabajo que se implementará.

 

 

cabeza heinrich y loyola

Gracias Manuel..!

Desde el Sindicato Gráfico Patagónico queremos recordar también al compañero Jorge Manuel Molina, por su lucha y compromiso, que sufrió y reivindicó la memoria de sus compañeros de trabajo, torturados y asesinados durante los años oscuros del Terrorismo de Estado.
jorge molina

Aquellos años en el diario de los Massot

Uno de los testigos que declaró en las audiencias por los asesinatos de Heinrich y Loyola fue Manuel Jorge Molina, compañero de las víctimas que trabajó en La Nueva Provincia hasta 1977.

El tercer juicio a represores que se rea­liza en Bahía Blanca tuvo sus últimas au­diencias durante el 14 y el 15 de octubre de 2014. En esos dos días testimoniaron hombres y mujeres por los asesinatos de Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola, tra­bajadores gráficos de La Nueva Provincia e integrantes del Sindicato de Artes Gráficas. Ambos fueron secuestrados, torturados y permanecieron desaparecidos hasta que sus cuerpos fueron hallados en La Cueva de los Leones.
Hasta aquí hubo 38 años de impunidad y también de silencio en este caso de parte de la familia Massot, dueña del diario donde los trabajadores desempeñaban funciones. Una pequeñísima columna fue todo lo que publicó el diario respecto a las muertes de los trabajadores aunque también es cierto que Vicente Massot fue citado en dos opor­tunidades por estos asesinatos, para decla­rar ante el juez Álvaro Coleffí. No solo eso sino que Massot deberá volver a hacer lo mismo en el mes de noviembre.
Pero volviendo al tercer juicio a repre­sores, el mismo investiga delitos de lesa humanidad cometidos bajo el ámbito de la Armada Argentina. El último testigo de la ex­tensa jornada del martes 14 de octubre fue Manuel Jorge Molina quien durante años se ha convertido en una pieza fundamental en esto de que en Bahía se conozca qué pasó durante la dictadura ya que él fue compañro muy cercano de Heinrich y Loyola.
Pero legalmente su testimonio vale en un juicio y así y por fin pudo hacerlo Molina quien contó ante el tribunal que ingresó a trabajar a La Nueva Provincia el 12 de mayo de 1976 hasta el día de su renuncia, el 30 de abril de 1977: Fui compañero de trabajo de Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola y compartí tareas en el sector del taller de dicho matutino.
También tuvo con ellos, responsabili­dades sindicales las cuales se dieron entre 1974 y 1976 como cuarto vocal suplente y fui delegado del taller ante la empresa.
Explicó Molina que Heinrich era segun­do maquinista de la rotativa del diario mien­tras que Loyola trabajaba en la estereotipia y sabía realizar tareas en la rotativa en caso de ausentarse algún compañero.
Por su parte, Molina era armador y también, entre 1968 y fines de 1973 estu­vo a cargo de una imprenta que La Nueva Provincia tenía para trabajos internos: Me daba una entrada de dinero que servía para sobrevivir entre los magros sueldos que pa­gaba el diario.
Esos trabajos consistieron en unos ne­gativos para el semanario Paralelo 38 que sacaba el diario, impresiones de boletas de caja de los avisos clasificados más otros trabajos para LU2 y Telenueva, radio y canal de los Massot respectivamente: En algunas oportunidades algunos trabajos especiales tanto para la directora el diario como para su hijo Vicente Gonzalo Massot.
Preguntado por esos trabajos especia­les respondió que para Diana Julio de Mas-sot tuvo que hacer una revista de cocina más una publicación de la vida de Yrigoyen: Con respecto a Vicente Gonzalo Massot hice dos tapas de la revista Cabildo.
En cuanto a la actividad en el gremio y dentro del diario, Molina describió: Cuando yo entré al diario el 12 de mayo del 66 la mayoría por no decir el cien por cien de los trabajadores gráficos estaban expulsados del gremio gráfico por actividad antisindical, no haber acatado un paro. Yo venía afilia­do como otros compañeros que entraron a posteriori, entraron una camada de jóvenes que sí venían afiliados y se pidió a referen­cia de Enrique Heinrich, Miguel Ángel Lo-yola y Luis Martínez, la afiliación al Sindi­cato de Artes Gráficas dado que La Nueva Provincia en algunas cosas hacía incumpli­miento de convenio colectivo de trabajo.
Entre los puntos que no se respetaban por parte de la patronal estaba la no en­trega de dos mudas de ropa por año y el no darles a los trabajadores la leche como correspondía para combatir el saturnismo dado que nosotros realizábamos tareas con plomo y tampoco pagaba en lugar y tiempo de trabajo.
Todas esas cosas se fueron denuncian­do ante las autoridades del Ministerio de Trabajo y se fueron logrando que se recu­peraran las cosas como se deben hacer.
En marzo del 74, las elecciones en el Sindicato de Artes Gráficas ubicaron a Hein-rich como secretario general, a Loyola como tesorero, a Luis Martínez como secretario de Actas y a Molina como cuarto vocal suplente: En aquel momento se elegía la comisión di­rectiva por dos años. Ellos habían sido elec­tos anteriormente como delegados, Heinrich, Loyola y Gabriel Escamilla y al hacerse car­go del gremio renuncian como delegados por una cuestión de ética. Por ese motivo fueron elegidos otros delegados entre los que se encontraba el propio Molina.

Referentes de la luch
En aquel tiempo se confeccionó y entre­gó a la dirección de la empresa un libro de reclamos para notificar algún incumplimien­to por parte de La Nueva Provincia: Ese libro de reclamos tuvo muy poca vida si se me permite el término, calificó Molina quien dijo que alguna vez el libro fue firmado por Diana Julio de Massot mientras que en otras estampó su rúbrica Federico Massot como Asistente de Dirección.
Para 1973 se llevó a cabo una compara­ción de salarios con otros diarios similares en cantidad de tiraje y de centímetros de publicidad. La diferencia entre los sueldos, señaló Molina, era abismal siendo negativa para los trabajadores bahienses. La situa­ción derivó en que se eleve un petitorio por mejoras salariales. Pasados siete meses no hubo respuesta de la empresa y comenza­ron los paros y quites de colaboración: Esto llevó a consecuencia que la empresa negó todo tipo de actualizaciones salariales e hizo suspensiones, lockout patronal y pasamos todo el mes de enero del 74 en la calle.
Igualmente el diario sacó algunos ejem­plares pero con muy mala confección.
La lucha dejó de ser por mejoras sala­riales y la lucha fue por reintegrar el cien por cien de la gente dado que la empresa no atinó después del lockout patronal, después de la intervención del Ministerio de Trabajo, de tomar a todos los operarios sino a 21 y al resto lo indemnizaba. La lucha fue por el reintegro de todos los compañeros.

Logros
Uno de los objetivos se logró ya que to­dos los trabajadores fueron reincorporados pero lo que no se logró fueron aumentos salariales.
Consultado por el fiscal, Molina afirmó que Heinrich y Loyola eran la cara visible del gremio.
El volver al diario no fue fácil ya que les fueron quitados los pocos beneficios que te­nían al tiempo que los que eran encargados de alguna sección fueron sacados de ese lugar.
El conflicto arrancó en diciembre del 73 y se extendió durante todo enero del 74 pero en julio los reclamos continuaron, esta vez en conjunto con el Sindicato de Prensa: Elevamos un petitorio por mejoras salaria­les, hicimos quite de colaboración, paros y logramos un pequeño aumento los trabaja­dores gráficos. No así los de Prensa porque los suplantaron enseguida con la gente je­rarquizada.
En septiembre de 1975, se realizó una multisectorial con todos los gremios invo­lucrados en el multimedios de los Massot: Hicimos un pedido de actualizaciones sa­lariales pero más que nada aplicación del convenio colectivo de trabajo dado que había un convenio colectivo que amparaba nuestra actividad y había un artículo que era el Franco 4 x 1 que la empresa se ne­gaba a aplicar.
Las consecuencias para la empresa fueron la no salida del diario más allá de que en algunas oportunidades se publicó pero no de la manera correcta. Por otro lado, el trabajador Luis Alberto Martínez, ya fallecido, recibió amenazas y por eso pre­sentó su renuncia y se fue a trabajar al sur de nuestro país.
Molina mencionó a Diana Julio de Mas-sot, al abogado Jauregui, a Federico Massot y en el último período, a Vicente Gonzalo Massot como los actores principales de la parte patronal con los que había que discutir.
Fue el mismo diario el que en otros dia­rios de su amistad publicaba el descrédito hacia los delegados y sindicalistas con ca­lificativos tales como subversivos o izquier­distas: Lo más delicado que La Nueva Pro­vincia nos decía a los militantes gremiales era peronistas.
En ese momento la organización terro­rista paraestatal Triple A se encontraba en plena vigencia con lo cual, sostuvo Molina, las exposición que hacía La Nueva Provin­cia de los trabajadores ponía en riesgo sus vidas y las de sus familias.

Mano brava
Molina hizo alusión a que quince días antes del Golpe de Estado de 1976, Hein-rich, Loyola, Adolfo Constantino, Omar Va­quero y él, fueron llamados a una reunión en el mismísimo V Cuerpo de Ejército. La excusa era hablar de un problema que aparentemente había surgido en la obra social: Nos recibe en el V Cuerpo un oficial que si mal no recuerdo dijo capitán Fidalgo. Éste Fidalgo, después de preguntar sobre la supuesta no entrega de bonos en la obra social, les advirtió que nos dejáramos de romper las pelotas que la mano venía bra­va. Al respecto, Molina reflexionó: Hoy en día después de analizarlo en estos 38 años muchas veces, yo pienso que lo de los bo­nos fue una excusa, para mí el habernos compulsado a concurrir al V Cuerpo era para vernos las caras.
Sumado a esto, Molina hizo mención a un trabajo del servicio de inteligencia de Prefectura donde figuraba el personal a ser raleado de La Nueva Provincia. Los tres primeros lugares de la lista los ocupaban Heinrich, Loyola y Molina.
Fue por esos días de la reunión en el V Cuerpo que La Nueva Provincia decide echar a 17 trabajadores.
Y finalmente, el 24 de marzo de 1976 lle­gó el Golpe de Estado tan ansiado por el dia­rio: Yo ese día tenia el franco pero recuerdo que al día siguiente teníamos la costumbre, yo era armador, de esperar la salida del dia­rio y me acuerdo que el personal que había una mezcolanza entre personal de vigilancia y porteros me arrojaron el diario. Como me lo arrojaron así cayó al piso y nunca más me quedé a esperar el diario. Sí me enteré por otros compañeros que desfilaron por la sec­ción Talleres, la señora Julio de Massot con uno de sus hijos con la bandera. Ese fue el modo de festejar el inicio del Terrorismo de Estado por parte de los Massot.
Sobre los secuestros de Heinrich y Lo-yola, Molina testimonió: Cuando fui ese jueves a trabajar me lo comentaron los compañeros que los habían secuestrado. Agregó que Carlos Heinrich movió cielo y tierra para encontrar a su hermano: Se ha­bía instalado un temor pero nunca pensa­mos que un conflicto salarial tuviera como represalia el asesinato e Heinrich y Loyola. Jamás pasó por nuestra cabeza.
Respecto a si los asesinatos de los tra­bajadores tuvieron que ver con su actividad sindical, Molina fue categórico: No me que­da la menor duda”.
De la aparición de los cuerpos se enteró por un compañero y recordó que el día 6 el diario publicó la noticia en una columna de 18 líneas: “Es todo lo que publicó en 38 años”.
El aviso fúnebre, comentó Molina, fue pagado por Carlos Heinrich. La costumbre del diario era pagar ese tipo de avisos cuan­do fallecía, por ejemplo, un familiar de algún empleado. No fue este el caso.
El miedo por lo sucedido era grande y por eso Molina hizo que su mujer y sus hijos se vayan a vivir a San Luis.
Un compañero del Sindicato de Prensa de apellido Larrondo fue amenazado por teléfono: “Ya matamos a dos rojos, ahora te toca a vos”. Larrondo también se fue de Bahía Blanca.

El delito de defender compa­ñeros
Molina siguió yendo a trabajar al diario pero el problema es que después del Golpe de Estado dejaron de asignarle tareas y lo mantenían sentado en un escritorio: “Mar­caba la tarjeta a las 20 y se iba a las 2 de la mañana”.
En ese lapso, Federico Massot lo llamó varias veces y le preguntaba qué iba a ha­cer: “Yo le decía que yo no había cometido ningún delito, que el único delito mío fue defender a mis compañeros…” Su historia dentro del diario finalizó con su renuncia el 30 de abril de 1977.
Consultado sobre la presencia de per­sonas armadas dentro del diario, Molina respondió: “Era normal ver gente armada dentro de La Nueva Provincia”.
El propio Molina en el 74, en la calle fue víctima de las balas por arrojar volantes en contra de los llamados rompe huelgas.
Otra intimidación de La Nueva Provincia era a través de un escribano público: En la entrada de los respectivos turnos indagaba a los trabajadores si iban a realizar algún trabajo a convenio, quite de colaboración, paro o algo similar”.
Entre los que hacían ostentación de armas dentro del diario, recordó al oficial Ramos “que cuando hacíamos quite de co­laboración contaba las balas de su arma. Yo recuerdo que era un revolver, se ponía a contar las balas como una forma de ame­drentarnos”.
El propio Vicente Massot se mostró ar­mado en el diario: Tengo conocimiento por un compañero, Hugo Martínez, de que sí vio a Vicente Gonzalo Massot pasar con ar­mas por la sección Talleres”.
“La Nueva Provincia no permitió jamás en 38 años que se afiliaran los trabajadores gráficos al Sindicato de Artes Gráficas. Es más, con la opción de la ley de obras so­ciales impuso a todos los trabajadores grá­ficos que trabajan dentro de la empresa del monopolio que optaran por la obra social de prensa”.
Para la época, Molina vivía en Alem casi Eduardo González: “Había un badén muy pronunciado y cada frenada de los coches que había pensaba que venían a buscarme.
En 1997, Molina recibió amenazas de Eduardo Reyes, militar y cuñado de Loyola en oportunidad de que se había conseguido que se pongan los nombres de los trabaja­dores asesinados a dos calles de la ciudad.
A Molina no lo intimidaron las amena­zas y esas calles quedan a unas cuadras del barrio de prensa que lleva por nombre Federico Massot.
 

Cobertura Mariano Herrera y Natalia Carabajal Figueroa. (Eco Dias)

 

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